Armonicus Cuatro
Diario de un loco

¿Sabías que...

Mario Iván Martíez empezó a hacer teatro a la edad de los 9 años. ?

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Prensa

13 de Diciembre del 2006

CONCIERTOS INFANTILES DE LA OSIDEM:
TUBBY LA TUBA

Tengo ocho años de estar trabajando en orquestas artísticas dirigidas a un público infantil, Mario Iván Martínez ha cultivado un vasto repertorio en el que destacan cuentos como La Tortuga y la liebre y El Cumpleaños de la Infanta, de Oscar Wilde, además de presentaciones con diversas orquestas como la Sinfónica Nacional y la Sinfónica de la UNAM.

Esta constante de vida, como lo afirma el actor se ha traducido en una colección de discos a la que ha denominado Un rato para Imaginar.  Cuentos con Mario Iván Martínez, que aborda en ocho volúmenes diversos temas tanto musicales como literarios, que van desde El príncipe feliz, de Oscar Wilde, Sueño de una Noche de Verano de William Shakespeare, Leyendas del México Antiguo, de Autores Mexicanos Contemporáneos, y Cuentos de gigantes grabados por el maestro Antonio Prieto en el piano, por mencionar algunos.

Es menester destacar que Mario Iván Martínez ofreció bajo la cláusula “no cobro regalías – dejar una colección de discos a la Osidem, con la intención de que puedan ser recuperados para que se incremente el repertorio de obras infantiles de la orquesta.

Para concluir, manifestó:  “En el género infantil se peca mucho de oportunismo en nuestro país, por tanto, me parecen muy necesarios y plausibles los esfuerzos que se están haciendo para diversificar la oferta infantil; debemos dejar de subestimar a ese sector, porque muchas veces se piensa que la atención de un niño se puede capturar muy fácil y al hacerlo los menospreciamos; debemos dejar de decir que algo es para niños y es de niños, en cierto tono despreciativo, y preocuparnos por ofrecerles propuestas más trabajadas o depuradas, sin olvidar que nos estamos dirigiendo a un público sumamente exigente, y si nosotros queremos tener futuras generaciones de ávidos seguidores de la buena música y el buen teatro, tenemos la obligación de darles lo mejor, el chiste es estarlos sorprendiendo constantemente para mantener su interés, pero no debemos hacerlo cayendo en lugares comunes, no con lo desechable, lo frívolo y lo vulgar, sino sorprender con inteligencia, tratando de estimular su sensibilidad con propuestas que también le ayuden a su formación cultural de una forma casi imperceptible”.